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Evento sustentable no es lo mismo que medir huella de carbono

  • Foto del escritor: Stephanie García
    Stephanie García
  • hace 3 horas
  • 8 min de lectura

Medir la huella de carbono de un evento es una herramienta muy poderosa, pero no significa automáticamente que el evento ya sea sustentable. La sostenibilidad es mucho más amplia: la huella de carbono es una parte específica, medible y muy útil dentro de ese universo.


 

Poner botes de basura separados no significa automáticamente que tu evento ya sea sustentable.

Sí, empezamos fuerte. Pero ojo, no lo digo porque separar residuos esté mal. Al contrario: claro que suma, claro que ayuda y claro que es una práctica que vale la pena integrar. El punto es que la sostenibilidad en eventos no puede quedarse únicamente ahí, en una acción visible, bonita o fácil de comunicar.

 

A veces usamos la palabra “sustentable” con demasiada rapidez. La ponemos en una propuesta porque eliminamos popotes, porque usamos señalética digital, porque elegimos un gafete reciclable, porque colocamos estaciones de agua o porque incluimos plantas en la ambientación. Y sí, todas esas acciones pueden formar parte de una estrategia más responsable, pero por sí solas no alcanzan para decir que todo el evento ya es sustentable.

 

La sostenibilidad es más grande que una acción aislada. Es una forma de tomar decisiones.

Está en cómo planeamos, cómo compramos, cómo producimos, cómo nos movemos, cómo usamos recursos y cómo comunicamos lo que hicimos. También está en cómo cuidamos a las personas que hacen posible el evento: asistentes, staff, proveedores, comunidad anfitriona y equipo operativo.

 

Porque sí, lo ambiental importa muchísimo. Pero la sostenibilidad también es humana, social, económica y logística.

Y aquí empieza una confusión muy común: hacer acciones sustentables no es lo mismo que medir la huella de carbono.

También pasa al revés: medir la huella de carbono no significa, por sí solo, que un evento ya sea sustentable.

Son dos cosas distintas. Se conectan, se complementan y, cuando trabajan juntas, pueden ayudar muchísimo. Pero no son lo mismo.


La sostenibilidad es el universo completo


La sostenibilidad en eventos se nota desde el diseño del evento, no solo el día del montaje.

 

Empieza cuando elegimos una sede que realmente tiene sentido para quienes van a asistir, cuando pensamos si los traslados pueden ser más eficientes, cuando buscamos proveedores que compartan ciertos criterios de responsabilidad, cuando cuidamos que el catering no termine generando un desperdicio enorme o cuando decidimos si de verdad necesitamos producir tantos materiales físicos.

 

También aparece en decisiones que a veces no se ven tanto, pero pesan muchísimo: cómo se cuida al staff, qué tan accesible es la experiencia para distintas personas, cómo se involucra a la comunidad local, qué pasa con los residuos después del evento y cómo comunicamos lo que sí hicimos sin adornarlo de más.

 

O sea, no es una sola cosa. Es todo el sistema.

 

De hecho, cuando se habla de turismo sostenible, la definición de la Organización Mundial del Turismo considera los impactos económicos, sociales y ambientales actuales y futuros, atendiendo las necesidades de visitantes, industria, entorno y comunidades anfitrionas. Esa mirada nos recuerda algo importante: la sostenibilidad no vive solo en lo ambiental, sino en el equilibrio entre muchas decisiones.

 

En eventos pasa algo muy similar. La norma ISO 20121:2024, enfocada en sistemas de gestión de sostenibilidad para eventos, plantea integrar la sostenibilidad en la planeación y ejecución considerando impactos sociales, económicos y ambientales. Es decir, no se trata solo de “hacer algo verde”, sino de gestionar mejor todo lo que rodea al evento.

 

Por eso un evento puede tener buenas intenciones ambientales, pero si no cuida la experiencia de las personas, si genera desperdicio innecesario, si toma decisiones sin planeación o si comunica más de lo que realmente hizo, todavía tiene mucho camino por recorrer.

Y eso no está mal. Ningún evento nace perfecto.

Lo importante es ser honestos sobre dónde estamos parados y qué podemos mejorar.

La huella de carbono es una parte del mapa

Ahora, hablemos de la huella de carbono.

La huella de carbono no mide “qué tan sustentable” fue todo tu evento. Mide algo más específico: las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al evento.

Y eso es muy importante aclararlo.

La huella de carbono no te dice si tu evento fue accesible, si cuidaste al staff, si tus proveedores tienen buenas prácticas laborales o si generaste valor para la comunidad. Todo eso pertenece al universo más amplio de la sostenibilidad.

Lo que sí te ayuda a entender es cuánto impacto climático generó tu evento y de dónde vino ese impacto.

En el caso de un evento, ese impacto puede venir de muchos lugares: transporte, hospedaje, alimentos, consumo energético, producción, residuos, materiales, operación y también del staff, que muchas veces se nos olvida considerar.

Ahí es donde la medición se vuelve poderosa.

Porque deja de ser una conversación abstracta.

Ya no es solo decir: “queremos hacer un evento más verde”. Es poder entender qué decisiones generaron más emisiones, qué áreas tienen mayor oportunidad de mejora y qué cambios podrían hacer una diferencia en la siguiente edición.

La medición de gases de efecto invernadero suele organizarse por fuentes de emisión. Referencias como el GHG Protocol ayudan a estructurar inventarios considerando emisiones directas, indirectas y de cadena de valor, lo cual es muy útil cuando queremos entender impactos más allá de lo evidente.

Traducido al mundo de eventos: no solo importa lo que pasa dentro del venue. También importa cómo llegaron las personas, qué consumieron, qué se produjo, qué energía se usó, qué se desperdició y qué proveedores participaron.

Por eso medir huella de carbono sirve tanto. No porque lo resuelva todo, sino porque nos ayuda a ver con claridad una parte del impacto.


Entonces, ¿cuál es la diferencia?



La forma más sencilla de verlo es así: la sostenibilidad es el universo completo y la huella de carbono es un indicador dentro de ese universo.

La sostenibilidad mira muchas dimensiones: ambiental, social, económica, humana y operativa. La huella de carbono se enfoca en una dimensión específica: las emisiones.

Y no por ser una parte más específica es menos importante. Al contrario. Es una parte muy útil porque nos da un dato claro, comparable y accionable.

Medir emisiones nos permite saber qué está pasando. Nos ayuda a identificar dónde está el mayor impacto, comparar una edición contra otra, justificar decisiones frente a clientes, patrocinadores, sedes o equipos internos, y comunicar con más responsabilidad.

Porque una cosa es decir “hicimos un evento sustentable” y otra muy diferente es decir: medimos la huella de carbono del evento, identificamos las principales fuentes de emisión y tomamos acciones para reducir y compensar con responsabilidad.

La segunda frase tiene más fondo.

Tiene más claridad.

Y también tiene más humildad, porque no promete perfección. Muestra proceso.


Un evento puede tener acciones sustentables y no medir


Esto pasa muchísimo.

Un evento puede reducir plásticos de un solo uso, usar señalética digital, elegir proveedores locales, donar alimentos sobrantes, separar residuos y evitar materiales innecesarios. Todo eso suma y puede ser parte de una estrategia responsable.

Pero si no mide su huella de carbono, no tiene un dato claro sobre sus emisiones.

Puede saber que hizo cosas buenas, pero no necesariamente sabe cuál fue su impacto climático ni qué decisión pesó más.

Y ahí es donde la medición ayuda.

Porque muchas veces nos vamos con lo más visible. Vemos el bote de reciclaje, el gafete ecológico o la estación de agua y sentimos que eso es “lo sustentable”. Pero tal vez el mayor impacto del evento estuvo en los vuelos, en los traslados terrestres, en el hospedaje o en la producción.

Si no medimos, podemos estar poniendo mucha energía en lo que más se ve, pero no necesariamente en lo que más impacta.

Ojo: no significa que esas acciones no sirvan.

Significa que necesitan contexto.


Un evento puede medir huella y no ser sustentable


También puede pasar lo contrario: que un evento mida su huella de carbono, tenga un reporte muy bonito e incluso compense sus emisiones, pero que en realidad no haya hecho un esfuerzo por reducir su impacto desde el diseño del evento.

Y aquí es donde hay que ser muy honestos. Medir no debería servir para decir “ya cumplimos” y seguir haciendo todo igual. La medición vale cuando nos ayuda a mirar con más claridad: qué decisiones pesaron más, qué pudimos haber evitado, qué podemos cambiar en la siguiente edición y dónde sí tenemos oportunidad de mejorar.

Con la compensación pasa algo parecido. Puede ser una gran herramienta, pero no debería sentirse como un permiso para contaminar. Primero hay que intentar reducir. Después medir. Y entonces sí, compensar aquello que no se pudo evitar, explicando con claridad qué se hizo y sin adornar de más.

Porque al final, medir no es magia. Es información. Y la información, cuando se usa bien, nos ayuda a tomar mejores decisiones.


La clave está en unir intención con datos


Creo que aquí está el punto más importante: no se trata de elegir entre hacer acciones sustentables o medir la huella de carbono.

Se trata de conectar ambas cosas.

Las acciones sustentables ayudan a reducir impactos reales. La medición ayuda a entender si esas acciones están moviendo la aguja.

Una sin la otra se queda un poco incompleta.

Las acciones sin medición pueden ser bien intencionadas, pero difíciles de evaluar. La medición sin acciones puede convertirse en un reporte bonito, pero poco transformador.

La combinación más poderosa es otra: planear con sostenibilidad, reducir lo que se pueda reducir, medir la huella de carbono, aprender de los datos y compensar con responsabilidad aquello que no se pudo evitar.

No perfecto.

No inmediato.

No igual para todos los eventos.

Pero sí más claro, más honesto y más útil.


¿Para qué le sirve esto a un organizador?


Le sirve para dejar de tomar decisiones a ciegas.

Cuando medimos, podemos entender mejor dónde está el mayor impacto del evento. Y eso nos ayuda a priorizar. A veces creemos que el problema principal está en los materiales impresos, pero los datos pueden mostrar que el transporte o el hospedaje pesan mucho más. A veces queremos compensar al final, pero la medición nos muestra que había oportunidades de reducción desde la planeación.

Medir también ayuda a tener conversaciones más serias con clientes, sedes, proveedores y patrocinadores. Ya no hablamos solo desde la intención, sino desde información concreta.

Y eso es muy valioso.

Porque la sostenibilidad no debería quedarse en “se ve bonito” o “suena bien”. Debería ayudarnos a decidir mejor.

También sirve para comunicar sin exagerar.

No necesitamos decir que un evento fue “cero impacto” o “totalmente sustentable” si no tenemos cómo respaldarlo. Es mucho más responsable decir: esto fue lo que medimos, esto fue lo que redujimos, esto fue lo que compensamos y esto es lo que todavía podemos mejorar.

Eso genera más confianza que cualquier frase grandiosa.

 

Evento sustentable y medición de huella de carbono no son lo mismo.

 

La sostenibilidad es el universo amplio: incluye decisiones ambientales, sociales, económicas, humanas y operativas.

La huella de carbono es un indicador específico: mide emisiones y nos ayuda a entender el impacto climático del evento.

Pero cuando ambas cosas trabajan juntas, la conversación se vuelve mucho más útil.

Porque ya no se trata solo de “hacer algo verde”. Se trata de planear mejor, reducir lo innecesario, medir lo que generamos, compensar con responsabilidad y comunicar con honestidad.

Así que sí: pongamos botes separados.

Pero no nos quedemos ahí.

Porque un evento más responsable no empieza cuando decimos “somos sustentables”.

Empieza cuando nos preguntamos con honestidad: ¿qué impacto estamos generando y qué podemos hacer mejor?

 

En el siguiente artículo hablaremos de la ruta de descarbonización de los eventos: cómo pasar de la intención a una estructura clara para planear, medir y compensar con responsabilidad.

 
 
 

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