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No es moda: el turismo y los eventos también tienen una responsabilidad climática

  • Foto del escritor: Stephanie García
    Stephanie García
  • hace 2 días
  • 4 min de lectura

La sostenibilidad en turismo y eventos no debería aparecer al final de la propuesta como “el toque verde”. Debería estar desde el brief, desde el presupuesto y desde cada decisión que tomamos para reunir personas.

 

Hay temas que de pronto se ponen de moda. Los vemos en conferencias, publicaciones, propuestas comerciales y conversaciones de pasillo. Y sí, la sostenibilidad muchas veces ha sido tratada así: como tendencia, como diferenciador, como algo “lindo” para poner en una diapositiva.

 

Pero cuando hablamos de cambio climático, no estamos hablando de una moda.

 

Estamos hablando de una realidad que ya afecta cómo vivimos, cómo viajamos, cómo producimos, cómo consumimos y, por supuesto, cómo nos reunimos. El IPCC ha señalado que las actividades humanas, principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero, han causado de forma inequívoca el calentamiento global; también advierte que cada incremento de temperatura intensifica riesgos climáticos y eventos extremos.

 

Y aquí es donde entra nuestra industria.

 

La industria de reuniones y el turismo tienen algo profundamente valioso: conectan personas. Nos permiten compartir ideas, cerrar alianzas, aprender, celebrar, viajar, conocer culturas y vivir experiencias que muchas veces recordamos durante años.

Pero también hay que decirlo con honestidad: todo eso tiene un impacto.

 

Un congreso implica traslados, vuelos, hospedaje, alimentos, producción, energía, montaje, residuos, materiales, operación, proveedores y muchas decisiones invisibles que, sumadas, dejan una huella ambiental. Un viaje de incentivo, una convención, una feria, una exposición o un evento corporativo no existen en el aire. Se construyen con recursos. Y esos recursos importan.

Ojo, esto no va de cancelar los eventos ni de decir que viajar está mal.

Va de entender que si nuestra industria tiene el poder de reunir personas, también tiene la responsabilidad de hacerlo mejor.

 

La conversación global ya va en esa dirección. En turismo, la Declaración de Glasgow sobre Acción Climática en el Turismo plantea apoyar el compromiso global de reducir las emisiones a la mitad para 2030 y alcanzar cero emisiones netas antes de 2050. En la industria de eventos, iniciativas como Net Zero Carbon Events buscan que el sector avance hacia cero emisiones netas para 2050, desarrollando metodologías comunes para medir emisiones directas, indirectas y de cadena de suministro.

 

Entonces, la pregunta ya no es si esto importa.

 

La pregunta es: ¿cómo lo bajamos a la operación real de nuestros eventos?

 

Porque una cosa es decir “queremos un evento más sustentable” y otra muy distinta es tomar decisiones concretas desde la planeación: elegir una sede más accesible, reducir traslados innecesarios, diseñar menús con menor impacto, evitar materiales de un solo uso, trabajar con proveedores locales, cuidar el consumo energético, medir residuos y, sobre todo, saber qué impacto estamos generando.

 

Aquí hay un punto importante: la sostenibilidad no es una decoración.

 

No es poner plantas en el escenario. No es cambiar popotes de plástico por popotes de papel. No es separar basura solo para la foto. Todo eso puede sumar, claro, pero la responsabilidad climática necesita más fondo que forma.

 

Necesita planeación.

Necesita datos.

Necesita presupuesto.

Y necesita seguimiento.

 

Porque, seamos honestos, muchas veces la sostenibilidad entra tarde. Entra cuando la propuesta ya está cerrada, cuando el venue ya está elegido, cuando los vuelos ya están comprados, cuando el catering ya está definido y cuando el presupuesto ya no tiene margen para cambiar decisiones importantes.

 

Y ahí es donde perdemos una oportunidad enorme.

 

La responsabilidad climática debería estar desde el inicio. Desde la primera conversación con el cliente. Desde el momento en el que preguntamos: ¿cuántas personas asistirán?, ¿de dónde vienen?, ¿cómo se van a trasladar?, ¿qué tipo de alimentos se servirán?, ¿qué materiales se van a producir?, ¿qué se puede reducir?, ¿qué se puede medir?

 

Porque sí: el impacto también se presupuesta.

 

Así como presupuestamos venue, coffee break, producción audiovisual, registro, staff y montaje, también deberíamos presupuestar la medición y, cuando sea posible, la compensación de la huella de carbono.

 

No para presumir que “somos verdes”.

No para colgarnos una medalla.

Sino para tomar responsabilidad con datos.

 

Medir la huella de carbono no significa que un evento ya sea sustentable. Ese es un punto que vale la pena repetir. La sostenibilidad es mucho más amplia: incluye temas sociales, económicos, ambientales, de accesibilidad, inclusión, comunidad, residuos, agua, proveedores, legado y más.

 

La huella de carbono es una parte específica, pero muy poderosa, de esa conversación.

¿Por qué? Porque nos permite dejar de hablar desde la intuición y empezar a hablar desde la evidencia.

 


Nos permite saber qué categoría generó más emisiones. Si fue el transporte, el hospedaje, la alimentación, la energía, la producción o los residuos. Nos permite comparar una edición contra otra. Nos permite definir metas. Nos permite decir: “ok, aquí está el mayor impacto, aquí podemos hacer algo diferente”.

 

Y eso cambia la conversación.

Porque cuando medimos, la sostenibilidad deja de ser un discurso bonito y empieza a convertirse en una herramienta de decisión.

 

En ECO2 CALCULA creemos que medir no tiene que ser un proceso imposible, lejano o reservado solo para grandes eventos con presupuestos enormes. Medir debería ser una práctica cada vez más accesible para organizadores, hoteles, destinos, agencias, corporativos y meeting planners.

No se trata de hacerlo perfecto desde el día uno.

 

Se trata de empezar.

De empezar a preguntar mejor.

 De empezar a decidir con más conciencia.

 De empezar a incluir el impacto ambiental en la planeación.

 De empezar a ver la huella de carbono como un KPI real del evento.

 

Porque la industria de reuniones y el turismo tienen algo muy poderoso: capacidad de convocatoria. Si usamos esa capacidad solo para producir experiencias, nos quedamos cortos. También podemos usarla para abrir conversaciones, cambiar hábitos, impulsar mejores prácticas y demostrar que organizar eventos con responsabilidad climática sí es posible.

 

Tal vez no podamos resolver todo desde un solo evento.

Pero sí podemos dejar de ignorar lo que generamos.

Y ese, aunque suene simple, es un gran primer paso.

Porque no, no es moda.

 

Es responsabilidad.

Y en una industria que vive de reunir personas, tomar responsabilidad también debería formar parte de la experiencia.

 
 
 

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